“Proseín convierte tus
deseos en realidad”; “Mcdía Feliz, convierte un Big Mac en una sonrisa”; “Mercantil,
impulsa tu mundo”; “Tas más buena que último inning, Polar Ice”; “Paralizan
compra-venta de inmuebles expropiados” (El Universal); “Hubo intervención no
expropiación” La cámara de construcción” (Ultimas Noticias); “Chávez ordena
expropiar seis conjuntos residenciales” (Ciudad Caracas); “Presidente Chávez
anunció nacionalización de Sidetur” (Correo del Orinoco)…
En la calle, en la casa,
desde la televisión, el Internet, la prensa, etc. somos bombardeados
constantemente por una serie de signos/estímulos que buscan imperativamente una
reacción inmediata, determinada.
Compra para ser feliz; consume para ser hermos@;
mete tu dinero en mi banco; esto es bueno, apóyalo; aquello es malo, recházalo…
Se desvanece la
necesidad de pensar, de criticar, de reflexionar. Nos acostumbramos ciegamente
a que los signos nos guíen, nos digan qué hacer, qué querer, en qué creer. Somos
parte de un gran sistema binario donde nos corresponde poner el uno luego del cero.
o;1;0;1;0;1;0;1;0;1;0;
2;0;32;7245kjckjfkj-.`+`¡’’&”%... CORTO
CIRCUITO
¡Alerta! Error de
comando: una chispa de pensamiento ha ocasionado una falla en el sistema.
¿Qué sucede cuando nos detenemos
ante el signo y nos rehusamos a poner el 1? ¿Qué sucede cuando nos desligamos
del automatismo de esa realidad virtual y somos críticos?
En ese momento hacemos
un corto circuito y desaparecemos de la base de datos, somos un error en el
sistema, un problema que debe ser pasado por alto, que debe ser invisibilizado,
para ser aparentemente resuelto.
Nuestras acciones y
nuestros pensamientos dejan de ser reconocidos por los medios de comunicación,
y por toda aquella institución o persona cuyos intereses se vean afectados.
La realidad virtual
creada por los medios es legitimada y aparenta ser tan real como lo que
distinguen nuestros sentidos. Pero cuando nos apartamos de ella, somos nosotros
quienes decidimos cómo percibimos al mundo y qué cosas legitimamos. Creamos nuestra
propia realidad, donde lo que somos y
lo que hacemos no desaparece, no es reproducido y banalizado hasta convertirse
en un signo más, en un signo vacío. Abrimos camino a la experimentación y a la
creatividad, a nuevas posibilidades. Entonces, la desaparición en la
virtualidad correspondería a la aparición en nuestra propia realidad.
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